Hace apenas dos semanas que se han cumplido seis años del horror de los atentados del 11-M en Madrid, una fecha que marcó el futuro de España y que difícilmente podremos olvidar. En una conversación reciente, fue curioso descubrir que todo el mundo recordaba exactamente qué estaba haciendo cuando aquella masacre ocurrió. A mí me tocó una larga jornada de trabajo, la primera de muchas, y la tengo tan presente que aún recuerdo hasta la ropa que llevaba puesta. De las consecuencias más íntimas de aquel 11 de marzo trata precisamente la última novela de Adolfo García Ortega, ‘El mapa de la vida’, publicada por Seix Barral. Es una novela larga, a veces coral y a veces compleja, dura, a corazón abierto. El autor narra la vida de dos personas que sobrevivieron en los trenes de Atocha y que se encuentran, con sus heridas físicas y psíquicas, en el tortuoso camino posterior que es la recuperación. Gabriel y Ada se enamoran, comienzan una nueva vida y tratan de alejar unos fantasmas que siempre los acompañarán. Es una novela muy recomendable, larga eso sí, pero bien narrada, con prosa intimista, pero no por ello pesada. Y, sobre todo, es una ficción de unos testimonios que podrían ser reales, un repaso a unas vidas marcadas por la macabra casualidad, por un destino no elegido, impuesto. El principio de la historia es sobrecogedor, lleva a la desesperación, al dolor propio por el dolor ajeno, cuando el autor se pasea por las circunstancias de esas personas que se encaminaban a una rutina que quedó cercenada aquella mañana. Una novela dolorosa, pero real, esclarecedora y cargada de esperanza.




Es curioso que, seis años después, todavía no haya más novelas que aborden este tema. Me llama la atención porque en Estados Unidos, tras un cierto duelo, se empezaron a publicar novelas, cuentos y demás que abordan, tangencial o directamente, las consecuencias del 11-S. Creo que es sano y necesario empezar a mirar y bucear, desde el punto de vista literario, en esa tragedia.